
Tú no me olvidas.
Lo veo en tu mirada esquiva y casi inexpresiva, antes contento al mirarme y que hoy me ignora con deliberación.
Lo percibo en tu trato distante, que de repente acorta el espacio entre nosotros a solo un palmo, pero que luego lo deshaces.
Lo oigo en lo que eran, en un pasado, palabras cariñosas dedicadas a mí; y hoy son solo silencios en los cuales parezco yo finada y sepultada.
Noto tu actitud tipo "si te he visto ni te conozco" cada vez que nos miramos de frente.
Definitivamente sí que estoy segura: por muchos que sean los intentos, no has logrado olvidarme. Siempre tienes un breve espacio de tiempo para dejar tus pensamientos en mí.
Tengo la impresión de que tu indiferencia viene dada por una espina incrustada en el alma, y me gustaría saber si fui yo, al menos incidentalmente, por apatía o frialdad, quien hizo que tal espinita se clavara en tu corazón y te hiriera. No te puedo asegurar nada, pero quiero ayudarte a sacarla, curar el daño causado y procurarme tu confianza de nuevo.
Hasta luego.
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